La Inteligencia Artificial es aún demasiado estúpida

La Inteligencia Artificial es aún demasiado estúpida

Foto: Los “chicos mensajeros” de la Press Association, en Londres, 1930. Fuente: Press Association.

“Me interesa el futuro porque es donde espero pasar el resto de mi vida”
Charles F. Kettering, inventor estadounidense

En 1930, un centenar de “chicos mensajeros” posaban orgullosos en la sede de la Press Association en la calle londinense de Fleet Street, sede histórica de los diarios británicos. Esta agencia de noticias, una empresa privada formada por los principales periódicos regionales y nacionales, generaba y enviaba las principales noticias a sus asociados para su publicación. Los “chicos mensajeros” eran solo el último eslabón de una cadena que incluía reporteros, editores, tipografistas…

Nueve décadas después, la Press Association se ha aliado con Google para lanzar un sistema de publicación automática de noticias regionales. El gigante californiano va a financiar con 700.000 euros el proyecto, conocido como RADAR, por las siglas en inglés de “Reporteros y Datos y Robots”. El objetivo es que, a principios del año que viene, una inteligencia artificial supervisada y diseñada por periodistas y técnicos sea capaz de redactar y publicar de forma automática 30.000 historias cada mes, que se enviarán a los socios de Press Association para su publicación. Para ello, el robot se conectará a distintas fuentes de datos públicos como la policía, el sistema de salud o el de empleo. Succionará los datos y usará formularios prediseñados por los periodistas para extraer los titulares y escribir los textos.

“Los periodistas profesionales humanos aún serán vitales en este proceso, pero RADAR va a permitir que nos pertrechemos de inteligencia artificial para aumentar el volumen de las historias locales que producimos”, ha asegurado Peter Clifton, editor jefe de la Press Association. “De forma manual sería imposible proveer de ese volumen de historias”.

Este proyecto es solo el último de una serie de intentos de automatizar una de las profesiones de cuello blanco, el periodismo. ¿Pero acaso se puede confiar en una historia generada por un robot? ¿Dejar en manos de máquinas el llamado ‘primer borrador de la Historia’?

De momento, los robots periodistas desempeñan más bien un papel de juguete al que enseñar que uno de servicio real. Y fallan mucho, casi tanto como los humanos. El pasado 22 de junio cundió la alarma en la ciudad de Santa Bárbara, en California, después de que el diario Los Ángeles Times publicara en su web y alertara por Twitter de un terremoto de magnitud 6,8 en la escala Richter. No lo había lanzado un redactor, sino el Quakebot del diario, un sistema informático de publicación automática conectado al Servicio Geológico de Estados Unidos. El periódico tuvo que retirar la noticia y el Servicio Geológico, advertir del error.

¿Son tan listos como se cree? ¿Cuándo lo serán?
Se llama inteligencia artificial a los programas informáticos que tratan de emular el sistema de aprendizaje del cerebro humano. Robots ha habido desde hace mucho tiempo, por ejemplo los que pueblan las fábricas de coches de todo el mundo. Pero estos se limitan a seguir las instrucciones programadas en su algoritmo por los ingenieros. La novedad es que a los robots se los está dotando ahora de inteligencia artificial, es decir, de la posibilidad de realizar tareas que no dependan de instrucciones previstas y programadas, sino de decisiones que toma la máquina en función de la información que recibe del entorno y de su propia capacidad de aprendizaje.

Un ejemplo es el todoterreno Curiosity que ha lanzado la NASA a Marte para estudiar la superficie y recoger muestras. El robot no espera a que los seres humanos le indiquen, desde la Tierra, qué rocas tiene que coger. El programa de inteligencia artificial Aegis controla una cámara química, ChemCam, que decide qué muestras tomar y cuáles no. Según los resultados de un año de exploración, su grado de acierto a la hora de decidir qué es interesante para el análisis es del 94%. Sin embargo, Curiosity es para todo lo demás dependiente del centro de control: se le indica por dónde y cómo moverse.

Los avances son, por supuesto, espectaculares. Pero el aluvión de información sobre la inminente sustitución de los trabajadores humanos por robots con inteligencia artificial debe tomarse con una dosis de escepticismo. Entre otras cosas porque la inminente debacle del empleo humano en favor del empleo de robots lleva anunciándose casi dos siglos, desde la primera Revolución Industrial, y nunca termina de ocurrir. En Estados Unidos, por ejemplo, había 79 millones de empleados en 1970, y 100 millones en 2012.

La idea de que los robots con inteligencia artificial van a sustituir pronto a los humanos es discutible y discutida.

El informe que más se cita es el de los dos investigadores de la Universidad de Oxford, Carl Benedikt y Michael A. Osborne, que auguran que el 47% de los puestos de trabajo actuales en Estados Unidos están en riesgo porque son susceptibles de ser automatizados (“El futuro del empleo: cómo de susceptibles son los trabajos a la computerización”, de 2013). Sin embargo, la cifra se ve reducida dramáticamente por un ‘contrainforme’ de 2016 de la OCDE: solo el 9% de los empleos pueden realmente ser automatizados.

“Los empleos cambiarán, y habrá que aprender a trabajar mano a mano con las máquinas”, explica a Foro de Foros para su Food for Thought Elena Ynduráin, Profesora de Tecnología del IE y Experta en tecnologías disruptivas. “Se destruirán aquellos empleos que son más repetitivos y predecibles. Aun así, los algoritmos detrás de los empleos que se destruyan tendrán que ser entrenados y supervisados por humanos”.

En “Dónde las máquinas pueden reemplazar a los humanos, y dónde no (aún)”, otra consultora, McKinsey, especifica qué sectores son susceptibles de ser automatizados con robótica e inteligencia artificial y cuáles no.

En los últimos 12 años, el número de robots industriales en el mundo ha pasado de un millón a 1,8 millones, según la Federación Internacional de Robótica en el estudio “El alzamiento de los robots: ¿buenas o malas noticias para las empresas y la sociedad?” de la consultora PwC.  Es un número importante, pero alejado de los miles de millones de trabajadores y empleos que hay en el mundo.

Las noticias sobre los avances científicos generan expectativas, normalmente sobredimensionadas, que pueden o no cumplirse. En los medios se puede leer que el premio al mejor analista bursátil de Japón se lo ha llevado un algoritmo, o que la inteligencia artificial es ya capaz de conducir coches y de escribir artículos. Pero el tiempo en que las máquinas sustituyan de forma importante a los seres humanos no ha llegado. La inteligencia artificial es, aún, estúpida comparada con el cerebro de las personas.

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