Bicicletas y montañas

Bicicletas y montañas

Podríamos definir la vida personal y la carrera profesional de cada individuo como una excursión en bicicleta. Cuando nacemos, nacemos con dos ruedas pequeñas que nos permiten tener el equilibrio suficiente para no caernos y avanzar acorde con nuestra experiencia. Nuestro entorno más cercano nos enseña las habilidades más importantes para que no perdamos el equilibrio y podamos seguir pedaleando. A medida que avanza el tiempo, cambiamos de modelo de bicicleta en busca de mejor calidad y unas características diferentes a la anterior ya que seguramente nuestro próximo reto exija otro tipo de equipaje. La primera etapa acaba cuando nos sentimos plenamente libres para quitarnos las ruedas con las que empezamos y podemos pedalear sin ningún tipo de ayuda externa. Empezamos a ser autónomos.

La autonomía supone diferentes características que a menudo no vienen de serie, por lo que normalmente acudimos a tiendas especializadas para que nos asesoren en encontrar la pieza que nos falta, aquella que nos permitirá destacar levemente en la etapa actual para poder encarar la siguiente con aún más ritmo. La pieza puede y debe venir acompañada de un esfuerzo por entender en qué condiciones funciona de la forma más eficiente, entendiendo así como conseguir sacarle el mayor partido. Los corredores más inteligentes, capaces de combinar ambas virtudes, serán los que se escapen en la general.

Cada persona se encuentra con sus propias etapas, sin saber cómo van a ser ni cómo va a reaccionar su mente ante cualquier adversidad a lo largo de ellas. Para estar en la mejor forma posible, hay que preparase y aprender de los mejores. El flujo de conocimiento normalmente fluye de generación en generación ya que solo aquellos que más han vivido, sufrido y aprendido están legitimados para dar lecciones. El III Encuentro Intergeneracional de La Granja ha servido para que aquellos con más kilómetros en sus piernas (o cabezas) hayan compartido lecciones técnicas y personales a aquellos que justo están encarando el primer puerto de montaña, los jóvenes profesionales o recién graduados. El Encuentro ha supuesto un punto de inflexión para muchos de los asistentes y es el frenesí de los intensos días de Conversación y Diálogo lo que hace recargar la stamina de todos y permite seguir pedaleando.

Debemos recordar que cuando se acerca un puerto de montaña, con una pendiente muy marcada vamos a necesitar mucha fuerza física y mental. Fuerza que viene entrenada de etapas anteriores, dónde habremos dejado un porcentaje determinado de energía reservados para los momentos más exigentes. Debemos centrar nuestra mente en una meta final, tratar de recibir los máximos inputs posibles a lo largo de la carrera y seguir avanzando cada día. Llegados a la última etapa, antes de dar por concluida nuestra trayectoria, una persona comprometida ayuda a aquellos que están empezando a entender y preguntarse qué piezas necesitan para su bicicleta. Les orienta. Les guía. Les motiva. Les anima a seguir cuando ellos creen que no pueden más ya que respirar es no ahogarse, caminar es avanzar, escuchar es aprender y pedalear es no caerse. Debemos estar continuamente sudando al pedalear, solo así conseguiremos llegar al final de la carrera.