El arte de conversar

El arte de conversar

Según un estudio consultamos nuestro teléfono unas 150 veces diarias y no podemos estar más de una hora sin abrir alguna aplicación. Según la revista Forbes, los usuarios pasamos 9 horas en Twitter, 4 horas y media en Facebook por semana, 3 horas y media en YouTube seguido de Instagram, donde pasamos 2 horas y 57 minutos. En el global de un año se podría decir que miramos el teléfono 54.750 veces y pasamos 1.040 horas pasando el dedo por la pantalla, aproximadamente. ¿Nos hemos llegado a plantear los beneficios que obtendríamos con conversar la mitad de veces en la mitad de tiempo?

La tecnología nos ha aportado numerosos beneficios pero está amenazando una de las principales herramientas del ser humano, la conversación. Una de las principales implicaciones de este cambio circunstancial es la reducción de la empatía entre la gente joven, naturalmente más afín al uso de herramientas 2.0. La empatía se desarrolla interactuando cara a cara, viendo las reacciones y gestos de nuestra contraparte por muchas facilidades que la tecnología nos brinde (por ejemplo, Skype o FaceTime). Utilizamos la tecnología para tratar de atender todas nuestras necesidades sociales, responder a todo aquello que nos llega en el teléfono. Todo tiene respuesta y, por supuesto, debe tener respuesta. La no respuesta implica una falta de interés o enfado propio del universo online.

Somos cada vez más incapaces de no volvernos a nuestros móviles en un momento de pausa. Nuestros dispositivos inteligentes, también llamados smartphones, nos permiten estar siempre donde no podemos estar físicamente (viendo imágenes de aquel amigo que vive lejos de ti y que celebró una barbacoa el pasado domingo), siempre conectado (leyendo la prensa de cualquier otro país para estar al día de lo que sucede más allá de nuestras fronteras) pero gracias a esas virtudes puede acabar por no permitirnos tales libertades. No hay que olvidar que cada vez que buscamos un vuelo, compramos unos zapatos, miramos un video o leemos un artículo online estamos dejando un rastro en la red de en qué cosas estamos interesados y dónde nos encontramos en el momento de hacer esa acción.

Como se mencionaba anteriormente, la conversación es la base de la democracia y los negocios, sustenta la empatía y es básica para la amistad, el amor, el aprendizaje y la productividad. Sin conversar, podríamos llegar a perder de las únicas características que nos diferencia del resto de mamíferos, la humanidad. Es curioso observar como, después de cenar, en una conversación en medio de un restaurante el simple hecho de tener varios dispositivos móviles encima de la mesa puede llegar a afectar el contenido de la conversación. Nuestro cerebro centrará parte de su atención a ver si llega alguna notificación al teléfono, ver si alguien nos reclama o ver si nos estamos perdiendo alguna cosa fuera de nuestro alcance visual.

Es bien conocido que la mayoría de los humanos no soportamos estar solos. La tecnología nos hace olvidar las cosas más elementales y más repetidas de la vida. Sabemos que es vital que los padres hablen y disfruten jugando con sus hijos; sabemos que los alumnos deben escuchar al profesor en lugar de enviar mensajes en la clase; sabemos que los amigos deben hablar entre ellos para realmente serlo; sabemos que las relaciones amorosas nacen de un simple intercambio de palabras, de la conexión personal; sabemos que el debate público en la universidad, en las aulas, en la política, es la mejor manera de construir nuestra identidad y de reflejar frente al resto de humanos nuestro punto de vista. Sin conversar perderíamos esencia, perderíamos personalidad y no podríamos llegar a muchas de las conclusiones que llegamos actualmente. Aceptemos el resultado de la naturaleza: la conversación es la única manera de ser humanos. ¿Por qué no lo hacemos más?