Populismo: promete, confronta, deslegitima

Populismo: promete, confronta, deslegitima

Moisés Naím proponía en su último artículo (*) un manual para entender el populismo, que más que una ideología es una estrategia para obtener el poder. Gaspar Ariño ha publicado también un libro sugerente sobre la materia. Sin duda es un fenómeno que sin ser nuevo, hay referencias abundantes de semejante epidemia a lo largo de la historia, ahora es un dato significativo; una respuesta a los efectos de la globalización y, sobre todo a los de la gran recesión.

El presidente Trump bien merece el calificativo de capitán del populismo más actual; lo fue durante la larga y sorprendente campaña electoral y lo está siendo en estos primeros días de mandato. Un populismo que está desbordando el complejo sistema institucional norteamericano aunque ha tropezado muy pronto con el poder judicial, llamado a convertirse en dique de contención de las pretensiones de un presidente activista y decidido. La lista de aliados de Trump se ha completado de inmediato para mejorar las expectativas electorales de todos los socios del club.  

El populismo es prometedor, ofrece a la nación satisfacer sus expectativas más urgentes. La señora Le Pen, que puede ganar la primera ronda  de las primarias presidenciales francesas, planteó el pasado domingo una oferta de 144 promesas presididas por epígrafes del siguiente tenor: una Francia, libre, segura, próspera, justa, orgullosa, poderosa y duradera. ¿Alguien da más?Su apreciado Donald Trump es más esquemático con su “América, primero” y los comentarios adicionales del tipo “voy a poner orden” “he venido arreglar las cosas…”

 Promesas vaporosas e inconsistentes que suenan bien, especialmente para personas decepcionadas, enfadadas, pesimistas e inquietas por su propio futuro y el de sus hijos. Y a renglón seguido de las promesas biensonantes, tal y como apunta Naím, se acompaña la deslegitimación de cualquier adversarios, especialmente de la política tradicional, responsable de los males del siglo. Y todo ello con una estrategia de dividir y confrontar que forma parte del discurso permanente de personajes como Trump, Le Pen y populistas  de toda laya y condición, a derecha e izquierda, que son parámetros que rechazan los populistas por antiguos.

Prometer y confrontar constituye la estrategia central del populismo, identifica  su estrategia. Otro de las herramientas populistas es la deslegitimación especialmente de los periodistas que no les jalean y de los expertos que no sirven para asentar sus opiniones. Los primeros son deshonestos, mentirosos, manipulados y manipuladores; y los segundos pretenden confundir, complicar, oscurecer y sembrar dudas sobre sus propuestas.

A los populistas no se les cae de la boca la nación, la soberanía nacional, el enemigo exterior (los migrantes que viene a robar, a matar, a vengarse). Tanto Trump como el húngaro Viktor Orbán o el ruso Putin predican reiteradamente que del exterior llegan “ladrones, violadores, gentes que roban el empleo de los nacionales, que deterioran la convivencia…que atentan contra la nación y su civilización. 

Contra el populismo hay proponer un discurso de datos y hechos, hay que desacreditar las mentiras, hay que superar la indiferencia y la no implicación. Desentenderse es la mejor ayuda al discurso populista; desacreditar las instituciones también les ayuda porque su discurso es de ruptura con lo anterior. 

(*): Artículo Moisés Naim. El País