Camellos cargados de filantropía

camellos2

Diciembre es un mes que viene con las maletas cargadas de símbolos y de mensajes para cada uno de nosotros.

Es una época propensa a encontrarnos con nuestros recuerdos y reencontrarnos con nuestros seres queridos. Es también la ocasión de volver a formularnos algunas promesas que no hemos alcanzado a cumplir. En el ámbito personal y en el ámbito familiar, diciembre nunca pasa sin dejar alguna huella. Como si el mes tuviera una fuerza espiritual propia, cuando llega esta época del año cada quien se pregunta por su vida, su trabajo y su entorno.

Si lo pensamos con detenimiento, nos damos cuenta que en la lógica de celebrar la llegada de una Navidad que se repite todos los años, lo que se nos regala es una oportunidad de volver a comenzar, de formularnos nuevas promesas y metas para el siguiente período. Que en lo personal y en lo profesional, año tras año tengamos a mano la simbología de un nuevo comienzo, es algo que debemos agradecer.

Nos aproximamos al cierre del año 2016 a una velocidad que pasa por encima de nuestra capacidad de detenernos a pensar. Las tensiones entre rutina e innovación; entre el interés propio y el interés general; entre el cumplimiento social y el crecimiento personal, entre mínimo esfuerzo y máximo compromiso, así como muchas otras que podríamos mencionar y someter a debate. Parece que diciembre es el momento por excelencia para pensar en solidaridad,  altruismo o filantropía y no nos referimos a la de los museos, los teatros, o la donación por un desgraciado terremoto que apacigua nuestra conciencia. Mencionamos estos importantes conceptos, con la intención de provocar en cada uno de nosotros una reflexión, un momento de silencio y ejercicio mental que sea crítica o autocrítica, y que sirva de impulso y llave, que nos ayude a convertir nuestra actividad, en una labor universal, aún más productiva. 

Vivimos un “new mindset” donde las razones económicas, políticas y sociales han cambiado, sobre las que nos gustaría incidir cada vez más, y poder convertirnos en una verdadera contrafuerza, que pueda expresar en forma de debates y acciones concretas nuestros objetivos fundacionales. Es nuestra responsabilidad ser testigos permanentes de lo que sucede en nuestra sociedad, y expresar, cuando y como sea más oportuno, la necesidad de atender y mejorar los problemas que no queremos entre nosotros.

La reflexión esencial que queremos transmitir, es que con estas contrafuerzas sí podemos influir, sí podemos ponernos en movimiento, no esperar a que los pequeños síntomas adquieran la categoría de tendencia, o se transformen en problemas que afecten a nuestras metas.

El 2017 podría ser uno de los años más peculiares que nos haya tocado vivir. Un año de comportamientos contradictorios, sin lugar a dudas, y aunque parezca muy paradójico -con diecisiete- el siglo está a punto de alcanzar su mayoría de edad, y habrá enormes oportunidades por delante.

Un mundo de oportunidades para esta España tan controvertida. Los tiempos que vienen nos exigen concentración, compromiso, empeño, sentido de dirección y mucha energía para nosotros mismos y para los nuestros.

Para ello, nuestro deseo es que estos días sean benévolos para todos; que permita los encuentros y reencuentros que están latentes en nuestros deseos; que haya tiempo para la familia, la amistad, el descanso y la reflexión -quizás filantrópica- y que cuando volvamos a encontrarnos a comienzos del 2017, vengamos con la convicción de que juntos, podremos hacer lo que nos propongamos.